Columna: Desde el otro lado
Por Luis Rodrigo Guzmán Viniegra

Llegó el día y Trump es ya el presidente de los Estados Unidos. Desde su toma de posición, empezó a tomar acciones para cumplir sus promesas de campaña. Mucha gente dudaba que lo hiciera, pero ya ha firmado un número récord de decretos para alinear la política hacia sus intereses. Voy a tratar de desglosar lo que hemos estado viendo durante los últimos días.
En primer lugar, la cancelación de la plataforma que permitía gestionar el ingreso a Estados Unidos con solicitudes de asilo ha dejado a miles de migrantes en incertidumbre, muchos atrapados en México sin opciones claras. Lo anterior, sumado a una decisión unilateral (y hasta arbitraria) por reactivar el “quédate en México” que implica que cualquier solicitud de asilo ya no implica el ingreso al territorio estadounidense y que se queden en nuestro país a enfrentar el proceso. Este grupo de acciones ha llevado al gobierno mexicano a iniciar con la habilitación de albergues temporales en las ciudades fronterizas con la intención de brindar apoyo y buscar opciones para evitar una crisis mayor.
En cuanto al tema de deportaciones, Trump sorprendió a varios países enviando grupos de deportados en aviones del ejército lejos de la frontera. Si bien aún no son masivas, si empiezan a marcar una tendencia. Los analistas estiman que, si cumple sus promesas y de acuerdo a los procesos vigentes por la agencia ICE, el número de deportados podría superar el millón de mexicanos. El número es tan grande, que resulta difícil poder analizar su impacto, pero es un hecho que el nivel de remesas se reduciría significativamente.
El tercer tema que sigue en el aire es el de los aranceles. Trump afirma que definirá las características de los mismos el próximo primero de febrero. El sector manufacturero de México es el que se encuentra más vulnerable. Específicamente en el ámbito automotriz, que es uno de los rubros en los que el presidente norteamericano insiste en reducir el déficit, resulta sumamente complicado de cumplir. De acuerdo a Óscar Silva, líder de la industria, los Estados Unidos consume entre 15 y 16 millones de vehículos al año, de los cuales únicamente produce entre 8 y 9 millones. Este déficit de entre 6 y 7 millones de autos difícilmente se cubriría con la capacidad instalada en la unión americana, ya que, cuando mucho, alcanzaría un millón de vehículos adicionales. Lo anterior, implicaría que entre 5 y 6 millones de vehículos se importarían con un arancel, mismo que se traduciría en costos adicionales directos al consumidor, ya que las armadoras no están en condiciones de cubrir estas diferencias.
Como podemos ver, los aranceles no necesariamente le van a dar un beneficio al mercado, por lo que es muy probable que empecemos a ver un proceso mucho más específico, atacando algunos productos o sectores en particular y dentro de un programa que tentativamente será gradual.
En cuanto al tema del narcotráfico, considero que será el punto de quiebre o cuando menos el más frágil de la relación entre ambos países, ya que los enfoques son muy diferentes y no se ven claros puntos de coincidencia. El ejemplo más claro es la negativa del gobierno mexicano para identificar a los cárteles como terroristas. La Real Academia de la Lengua define el terrorismo como “la utilización de la violencia y el terror para luchar políticamente. Se trata de una forma de delincuencia organizada que se caracteriza por su cohesión ideológica”. Pareciera que la carga de la etiqueta “guerra contra el narco” que dejó Felipe Calderón sigue siendo el factor que le impide a Morena aceptar que se está llevando a cabo una guerra todos los días y en cada vez más ciudades del país. Lo mejor que podría hacer el gobierno es aceptar que requiere ayuda y buscar, de forma estratégica, implementar acciones conjuntas con el gobierno estadounidense que puedan mermar la fuerza y operación de los narcos. Éste es el factor que ha llevado a Trump a cuestionar hasta qué punto están los criminales involucrados con el gobierno.
Es importante entender que, si bien algunos de los decretos serán detenidos en las cortes o retrasados para la elaboración de leyes complementarias, tenemos que aceptar que lo que estamos viendo es exactamente lo que Donald J. Trump prometió en campaña y ya no hay más espacio para sorprenderse, porque “sobre aviso, no hay engaño”.
Agradezco mucho su lectura y comentarios, yo los sigo leyendo… desde el otro lado.

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