Columna Visión Juvenil
Por: Manuel Borbón
Seguramente para el momento en que usted esté leyendo esta columna el resultado de la selección mexicana ya le habrá provocado emociones de cualquier tipo, si México ganó, la emoción de volver a tener una selección en cuartos de final después de cuarenta años y, por otra parte en caso de haber perdido la desilusión que provocan las derrotas, sobre todo cuando se llevaba un paso prácticamente perfecto.
Independientemente de lo que suceda esta tarde, creo importante poner atención a un detalle del que poco se ha hablado y puede considerarse como el reflejo en otras disciplinas en nuestro país. Si pone usted atención este Mundial, además de ser el tercero que se celebra en México, ha demostrado estar a la altura quizá no en lo económico, pero sí en cuestión de esencia y festividad para una justa de estas dimensiones, por lo que podemos decir que por esa parte hemos cumplido.
Sin embargo, un tema que ha llamado la atención de propios y extraños más allá de su afición deportiva es cómo una selección que hasta hace unos pocos meses podríamos decir que estaba en crisis con un técnico que inició el proceso hace cuatro años, pero hace apenas unos meses terminó por forzar su salida debido a los malos resultados y para el cual llamaron como sustituto a un reconocido “apagafuegos” mexicano que ha fungido en tres mundiales como el típico “abrir en caso de emergencia” para el que, luego de los resultados de Corea-Japón en 2002 y Sudáfrica 2010 no había tantas expectativas sobre su posible éxito en este Mundial, hablamos de Javier Aguirre.
Sobre todo, teniendo en cuenta que la selección mexicana venía de un desastroso Mundial en Qatar 2022, donde quedaron eliminados en fase de grupos con una actuación lamentable y la pérdida de una generación completa de jugadores para los que no hubo relevo entre los que se encuentra Javier Hernández, Guillermo Ochoa, Carlos Vela, Giovanni dos Santos, Andrés Guardado, entre otros, quienes fueron parte de una generación que se consolidó a lo largo de los años y que a su natural salida de los niveles estelares dejaron a un equipo prácticamente desorientado y sin una identidad de lo que es la selección mexicana.
Ahora, en este Mundial mexicano, podemos decir que la selección ha sorprendido por diversos motivos, primero por los resultados, una portería en ceros y un pase perfecto en fase de grupos después, venciendo a Ecuador con una aparente facilidad y por último, una esencia que hace mucho no se veía en el equipo mexicano, es decir, este equipo de fútbol juega a “algo” dentro de la cancha, lo importante aquí es preguntarnos quiénes son los jugadores que han hecho posible este nuevo respiro para el seleccionado nacional.
De Qatar 2022 a México 2026, solamente son tres de once jugadores los que repiten en el cuadro inicial, lo que significa que prácticamente este equipo mexicano se adaptó a las nuevas circunstancias y en pocos meses tuvo la capacidad de moldear un nuevo modelo de juego de la mano de jugadores sumamente jóvenes que, cuando menos renuevan la esperanza.
Hablamos de futbolistas como el que está rompiendo las redes, Gilberto Mora, con tan solo 17 años, Armando “Hormiga” Gonzáles, Mateo Chávez, Brian Gutiérrez y Obed Vargas, todos menores de 25 años.
Lo que esto nos demuestra es que en todos los ámbitos la oxigenación de cuadros termina por brindar nuevos aires a los equipos o entes donde se encuentran, México es semillero de talento, esperemos que continúen los buenos resultados en este torneo, pero sobre todo, esta generación de jóvenes deberá mantenerse en ese camino para estar en su “prime” para el Mundial de 2030 donde más allá de soñar nos permitan comenzar a pensar en grande.
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