Columna: Desde el otro lado
Por Luis Rodrigo Guzmán Viniegra
Durante las dos últimas semanas se ha realizado una importante difusión de un programa de protección a migrantes con abogados y asesoría en todos los consulados y embajadas de Estados Unidos ante la posibilidad de las deportaciones masivas que cada día se ven más cercanas. Esta es una señal clara que se están tomando en serio las amenazas de Trump con su inminente llegada al poder. También la Secretaría de Economía ha trabajado duro haciendo enormes decomisos de mercancía ilegal procedente de China: primero en la Ciudad de México y la semana pasada en Tijuana, algo que no habíamos visto en muchísimo tiempo.
Por el lado de las caravanas migrantes, se ha conseguido que se diseminen. Todo indica que se está consiguiendo que las grandes masas de gente se dividan en grupos cada vez más pequeños hasta que dejan de ser tan notorios. Esto no quiere decir necesariamente que detengan su camino, pero sí que los migrantes usan diferentes medios de transporte en distintos momentos. La presencia de migrantes en las fronteras de todo México sigue siendo un problema, como lo ha sido siempre.
De este lado de la frontera, la estrategia de deportación está siendo cada vez más definida. El equipo de Trump ya anunció que la estrategia será detener a familias completas sin distinción de estatus migratorio y una vez en detención, los padres que no cuenten con residencia legal y tengan hijos nacidos en los Estados Unidos, tendrán la oportunidad de decidir si quieren ser deportados con sus hijos o los dejarán solos en este país.
Finalmente, en el caso del último tema que atañe a ambos países, las drogas, lo grave de la política de Trump es que vuelve a poner este problema como un asunto de seguridad nacional y sigue sin atacar las causas ni sus consecuencias. El consumo del fentanilo en este país sigue sin control y la cantidad de adictos ha plagado todo el país de personas sin hogar (homeless). Sería urgente cambiar el enfoque hacia un problema de salud binacional en el que se trabaje mucho más en la prevención y en el tratamiento (algo que no se ve cercano). Si bien quienes controlan la producción pueden ser los cárteles mexicanos, la realidad es que la demanda sigue en aumento y los narcotraficantes no viven de la droga, viven de la ilegalidad de lo que distribuyen: mientras haya demanda, habrá quién la cubra. La decisión de Trump para declarar a los terroristas sigue en la mesa y si bien tiene que pasar por ambas cámaras, México debe seguir trabajando en tomar acciones claras para evitar una mayor injerencia norteamericana.
Como hemos visto en todos los temas que he tratado en la columna de hoy, Trump está marcando el paso de las relaciones internacionales a pesar que aún no ha iniciado su gobierno. A nosotros nos queda seguir al pendiente de toda la información y esperar que el 2025 sea mejor para todos, estos son también mis deseos para ustedes lectores y para el destino de ambos países.
Una vez más, agradezco su lectura y comentarios, yo los sigo leyendo… desde el otro lado.
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