Columna: Desde el otro lado
Por Luis Rodrigo Guzmán Viniegra

Mientras las primeras planas de los diarios publican sobre la guerra mercantil o las consecuencias de los aranceles, y los noticiarios hablan de la mano dura de Donald Trump; de forma simultánea se está perdiendo una batalla en la lucha histórica de los derechos humanos en los Estados Unidos. De manera mucho más silenciosa y alejada de las cámaras, una serie de decretos firmados por Trump están eliminando el acceso a la salud a millones de personas (entre ellos muchísimos paisanos) y terminaron de tajo con derechos por los cuales las mujeres habían luchado por décadas.
Una de las organizaciones que más se han visto afectada es “Planned Parenthood Federation of America”, que cuenta con cerca de 600 centros de salud que brinda servicios de atención reproductiva, educación sexual y defensa de derechos, incluyendo anticoncepción, pruebas de ETS, abortos y atención ginecológica. El 76% de estos centros están ubicados en zonas rurales o áreas con escasa atención médica. Al respecto, tuve la oportunidad de platicar con su directora de comunicaciones y medios latinos, Alejandra Soto, quien me compartió varios temas de suma importancia.
“Con la llegada al gobierno de Donald Trump, estamos atravesando por un momento decisivo para nuestro país. Nuestra salud y nuestros derechos fundamentales están en riesgo. No es ningún secreto que el presidente tiene a Planned Parenthood en la mira. Claro, habla sin conocer, ni entender la realidad. Primero, pareciera que cree que la única atención médica que proporcionan los centros de Planned Parenthood es el aborto. Sin embargo, solo en 2022 se atendieron a 2.05 millones de pacientes, se aplicaron más de 4.6 millones de pruebas y tratamientos de enfermedades de transmisión sexual, se realizaron 213 mil exámenes mamarios, 198 mil pruebas de Papanicolaou, y casi 2.3 millones de servicios relacionados a métodos anticonceptivos”, mencionó.
También agregó que: “Es importante que comprendamos cuándo ocurre un aborto: puede ser tras un embarazo no planificado, un embarazo ectópico, un embarazo como producto de violación o incesto, o después de una pérdida (aborto espontáneo). Cada embarazo es único y cada razón por la cual una persona aborta también es única. Pero lo más importante es que el aborto, como cualquier otra circunstancia médica y personal es precisamente eso: médica y personal. No hay razón alguna por la que un presidente, legislador, juez o funcionario público tenga que estar entrometido en nuestras decisiones médicas y personales”.
De acuerdo a lo que me comunicó, a muchas personas les preocupa perder acceso a métodos anticonceptivos, y al mismo tiempo, perder el poder que les queda sobre su propio cuerpo. Tal ha sido el miedo, que, en los días posteriores a las elecciones, en los centros de salud de Planned Parenthood las citas programadas para vasectomía un mil 200%, para el DIU más de un 760%, para implantes anticonceptivos un 350% y las citas para atención médica de afirmación de género aumentaron un 140%.
Es entonces, cuando debemos preguntarnos si no es que la “tierra de los libres” (land of the free), como se identifica a los Estados Unidos, está perdiendo justamente muchas de esas libertades. ¿No será que se están alejando de los derechos de libertad y de justicia, con los cuales se fundó este país, por tratar de imponer una agenda conservadora? No hay que perder de vista que históricamente se ha criticado a los países musulmanes por priorizar las creencias religiosas antes que las necesidades sociales. Imponer una agenda moral implica eliminar las libertades de pensamiento o decisión, y está vinculado con un ataque a las garantías de culto y expresión. La reflexión final se las dejo a ustedes.
Agradezco todos sus comentarios. Mientras tanto, yo los sigo leyendo… desde el otro lado.

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