Por Alejandro Gleason Fandiño
Coach de Vida y Empresario
A lo largo de los años, he descubierto que las Sagradas Escrituras no solo ofrecen enseñanzas morales, sino también principios aplicables a todos los ámbitos de la vida, especialmente en los negocios. Una de mis favoritas es la Parábola de los Talentos, que nos deja valiosas lecciones sobre liderazgo, riesgo y crecimiento personal.
En la parábola, un hombre rico confía diferentes talentos—una unidad de moneda—a sus tres siervos. Dos de ellos invierten y multiplican lo recibido, mientras que el tercero, paralizado por el miedo, lo entierra para no perderlo. A su regreso, el amo recompensa a los primeros por su diligencia y castiga al tercero por su inacción.
Reconocer y Desarrollar Nuestros Talentos
Uno de los mayores aprendizajes de esta historia es la importancia de identificar y desarrollar nuestros talentos. Como decía un antiguo profesor: La estrategia de tu vida se basa en desarrollar tus talentos. Sin embargo, muchos crecemos creyendo que el éxito proviene de corregir nuestras debilidades. En el libro: Ahora, Descubre tus Fortalezas, Marcus Buckingham y Donald O. Clifton desafían esta idea, argumentando que la verdadera excelencia surge cuando potenciamos lo que ya hacemos bien en lugar de enfocarnos en lo que nos cuesta.
Por ejemplo: Si tienes facilidad para comunicarte, en lugar de enfocarte en mejorar habilidades técnicas que no te apasionan, desarrolla al máximo tu talento en la oratoria. Toma cursos de comunicación, practica con un mentor y busca oportunidades para hablar en público.
Cada persona tiene talentos innatos: algunos sobresalen en la comunicación, otros en la estrategia, y otros en la construcción de relaciones. Sin embargo, hoy en día en el ámbito corporativo y empresarial nos empuja a fortalecer nuestras debilidades en lugar de explotar nuestras fortalezas. Pero los grandes líderes no buscan que las personas sean algo que no son, sino que crean entornos donde sus talentos pueden prosperar.
El Valor de Tomar Riesgos
Otro mensaje clave de la parábola es que la diligencia y la responsabilidad implican asumir riesgos. Los siervos que multiplicaron sus talentos tuvieron que arriesgarse, mientras que el que los enterró perdió su oportunidad por miedo al fracaso.
Ray Dalio, inversionista y fundador de Bridgewater Associates, uno de los fondos de inversión más grandes del mundo, sostiene en su libro Principios que el riesgo es el precio del éxito significativo. Sin embargo, no se trata de arriesgarse ciegamente, sino de gestionar el riesgo con inteligencia. La clave es entender que riesgo y recompensa son inseparables. Apostar sin calcular, actuar por emoción o no prepararse son errores que pueden evitarse con una estrategia basada en probabilidades, transparencia y diversificación.
En este caso, si quieres emprender, pero te paraliza la incertidumbre, aplica el método de Dalio. No dejes tu empleo de inmediato; en su lugar, prueba tu idea en un mercado pequeño, analiza los datos y ajusta tu estrategia antes de dar el gran salto
La lección es sumamente poderosa, El fracaso es inevitable, pero debe verse como un maestro. Cada tropiezo es una oportunidad para mejorar la toma de decisiones, ajustar la estrategia y regresar más fuerte.
Romper las Cadenas del Miedo
Finalmente, la parábola nos invita a superar el miedo y la pasividad. El tercer siervo no falló por falta de capacidad, sino porque permitió que su temor lo paralizara. Para avanzar, debemos preguntarnos: ¿De dónde surge ese miedo? La mayoría de las veces, proviene de experiencias del pasado que han generado falsas creencias sobre nosotros mismos.
Para entender mejor este fenómeno, es imprescindible conocer la visión de Brian Tracy, uno de los principales referentes en el campo del desarrollo personal y la productividad. Tracy, en su seminario Fénix, explica que las mayores barreras no son externas, sino internas. Nos repetimos frases como «no soy lo suficientemente bueno» o «el éxito es solo para algunos», y terminamos atrapados en límites imaginarios. Tracy ilustra esto con la metáfora del elefante encadenado: un elefante joven que es atado a una estaca intentará liberarse sin éxito. Con el tiempo, aunque gane la fuerza suficiente para romper la cuerda, nunca lo intenta porque ha aprendido a creer que está atrapado. Así operan nuestras falsas creencias: nos limitan no porque sean reales, sino porque creemos en ellas.
Por ejemplo, Si siempre has creído que no eres bueno en ventas, cuestiona esa creencia. Empieza con pequeñas acciones: habla con un cliente potencial, aprende sobre técnicas de negociación y exponte al proceso poco a poco. Descubrirás que la mayoría de tus limitaciones son imaginarias.
La única manera de romper estas cadenas es cuestionarlas y reemplazarlas por pensamientos más poderosos. Pero el cambio real ocurre cuando tomamos acción. Nada destruye una creencia limitante como demostrarle a la mente que estaba equivocada.
Por lo tanto Parábola de los Talentos ofrece una lección fundamental para la vida y los negocios:
- Nuestros dones y habilidades son un regalo, pero su valor radica en cómo los utilizamos.
- Tomar riesgos calculados es esencial; el crecimiento solo ocurre cuando nos atrevemos a salir de la zona de confort.
- El miedo y la inacción son nuestros peores enemigos; reconocer nuestras falsas creencias y actuar a pesar del miedo es la clave para romper nuestras limitaciones.
Al final, lo importante es darnos cuenta de que las cadenas nunca fueron reales. Cada situación que enfrentamos es una oportunidad para desafiarnos en todos los sentidos, crecer y multiplicar nuestros talentos.
Alejandro Gleason Fandiño es empresario y financiero con amplia experiencia en planificación patrimonial y protección financiera. Maestro en Alta Dirección por EGADE Business School y certificado como Coach en Negocios Conscient|1es, ofrece conferencias, consultoría y coaching en liderazgo, toma de decisiones y estrategias empresariales.
Como conferencista y escritor, integra historia, economía y filosofía para ayudar a individuos y organizaciones a tomar decisiones estratégicas y construir una vida plena con propósito.