Cuauhtémoc Lázaro Cárdenas Solórzano, el político de izquierda que empujó a México hacia una transición democrática después de décadas de autoritarismo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ha muerto esta tarde-noche a los 92 años, de acuerdo con fuentes familiares.

Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas del Río, un fuerte defensor de la nacionalización de los recursos naturales (y en particular del petróleo), fue candidato presidencial en tres ocasiones además de Gobernador de Michoacán. Después de romper con el PRI fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), ahora desaparecido.

Cuauhtémoc Cárdenas era un referente de la izquierda en México. Se mantenía activo políticamente aunque ya sin militar en el PRD, que perdió su registro en las elecciones de 2024. Nacido el 1 de mayo de 1934 en la Ciudad de México, en la residencia oficial de Los Pinos que su padre construyó, se afilió al PRI hasta 1970.

En 1986 fundó la Corriente Democrática que en 1987 rompió con el PRI, y en 1988 fue por vez primera candidato presidencial por el Frente Democrático Nacional. En 1994 volvió a ser candidato por el PRD, lo mismo que en el año 2000. Para 2006 buscó ser otra vez candidato a la Presidencia, pero lo desplazó Andrés Manuel Lopez Obrador, quien lo apoyó desde 1988 desde Tabasco.

Cárdenas y el llamado a cambiar el destino de México

El Ingeniero Civil fue tres veces candidato a la Presidencia: primero en 1988, luego de que encabezó un rompimiento con el PRI para formar el Frente Democrático Nacional. En esa elección enfrentó al priista Carlos Salinas de Gortari a quien, el 6 de julio de 1988, vencía en las urnas, pero un fraude electoral le arrebató el triunfo.

Tras ese doloroso fraude para la democracia mexicana, el Ingeniero dio un discurso el 26 de julio de 2011 en un Zócalo abarrotado y con simpatizantes furiosos por la trampa priista.

Ahí reveló cómo se había realizado el fraude, pero también llamó a dar la lucha con base en sus ideales:

«El día 6 de julio el electorado decidió dar fin al régimen de partido único y de partido oficial, uno y el mismo, con dominio pleno sobre las decisiones fundamentales de la Nación. El congreso que pueda integrarse cuando haya elecciones libres y democráticas tendrá una representación plural cuya proporcionalidad refleje lo que es cada partido en la vida política de la Nación. Será la ciudadanía la que determine la constitución de las organizaciones partidarias. La posibilidad real de éstas para participar en las contiendas electorales y políticas no debe ser decisión ni menos concesión de la autoridad administrativa.

«La lucha inmediata es por la legalidad y el respeto a la voluntad popular. Sus instrumentos son los de la Ley y su marco de acción la Constitución de la República», dijo entonces.

En otro momento de aquel discurso histórico expuso: «Hay quienes tuvieron posiciones divergentes a la nuestra en la contienda electoral. Ante la magnitud del atropello del gobierno, muchas están ahora comprendiendo la importancia que tiene reconocer los triunfos populares, aún cuando no sean los propios. Muchos que votaron por lo candidatos oficiales rechazan la imposición y la ilegalidad. Contamos con su colaboración, manteniendo su filiación y posiciones políticas, en la tarea común de edificar una democracia auténtica. Dos logros principales se alcanzaron en esta lucha cívica: la unidad de los partidos y organizaciones democráticas, y revolucionarios y un pueblo que colectivamente cobró conciencia de sus capacidades y su fuerza a partir de ellas decidió participar en la política del país para cambiar sus actuales realidades».

Y añadió: «La compañía permitió el contacto con la Nación, con sus diversas regiones y los distintos grupos sociales. La respuesta popular fue siempre en ascenso, cada vez más consciente y cada vez más entusiasta. En las comunidades, en las organizaciones, en el campo y las ciudades, millones de mujeres y de hombres, de jóvenes, fueron convenciéndose que actuando unidos podían recuperar la conducción de sus propios destinos y los de la Nación, utilizando para ello la Ley, el entendimiento y la razón. Al creer cada vez más en sí mismo, al reconocer con mayor claridad sus capacidades, el pueblo fue dando su confianza».

«Convicción y confianza se expresaron con el voto para constituir un compromiso. Millones de votos han dado un mandato: que se acate la voluntad que expresaron, que no se negocien con ese voto, situaciones personales o de grupo.

«El pueblo sabe hasta dónde quiere y hasta dónde puede llegar. Conoce y valora las situaciones nacionales. Reconoce la fuerza de los adversarios y su representatividad. Identifica intereses internacionales y nacionales presentes en nuestras luchas. Tiene una percepción clara de lo que el país necesita y cómo alcanzarlo. Aprendiendo del pueblo continuaremos en esta lucha. El compromiso es muy firme.

«Hemos visto cómo lucha el pueblo, cómo se organiza. De ahí surge una convicción: del pueblo y de México será la victoria», concluyó entonces.

Posteriormente, Cuauhtémoc Cárdenas, quien siempre consideró a Salinas de Gortari como Presidente ilegítimo, fundó el 5 de mayo de 1989 el PRD, junto a Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo, Heberto Castillo y Gilberto Rincón Gallardo, entre otros.

En la elección de 1994 fue el candidato presidencial de ese partido, pero fue derrotado por el priista Ernesto Zedillo Ponce de León. Y después, en 1997, compitió por el perredismo en la primera elección democrática para elegir al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; antes de esa ocasión, el gobernante de la capital del país era designado por el Presidente de la República en turno.

El Ingeniero Cárdenas, quien además fue hijo del General Lázaro Cárdenas del Río, uno de los presidentes más queridos y recordados en la historia de México, arrasó en esa elección con el 48.09 por ciento de los votos. Desde entonces y hasta ahora, la capital del país ha sido un bastión de la izquierda mexicana.

Su administración duró apenas dos años, pues en 1999 renunció para competir nuevamente por la Presidencia de México en el año 2000, pero fue derrotado por el panista Vicente Fox Quesada, quien se convertiría en el primer Presidente no priista en más de siete décadas.

Pero la huella del Ingeniero va más allá de sus intentos por ser Presidente de México. Durante más de tres décadas fue una figura central en la búsqueda de la transición y consolidación de la democracia mexicana.

Su importancia política y honorabilidad generó siempre un reconocimiento unánime sin importar el signo ideológico. Además tuvo el respeto y la admiración de la opinión pública en todos los foros donde presentó sus ideas.

Su pensamiento quedó plasmando en diversos libros, como Nuestra lucha apenas comienza (1988), El proyecto nacional de la Revolución Mexicana (1990), La esperanza en marcha. Ideario político (1998), Palabras de Cárdenas (Grijalbo, 1999) y Sobre mis pasos» (Aguilar, 2010), entre otros.